Los hongos son el internet de la naturaleza, y pueden ser la salvación del medio ambiente

Hablamos sobre uno de los micólogos más reconocidos, su opinión e iniciativa para contrarrestar el cambio climático, su esfuerzo con la caja de la vida, y colaborar con el Pentago, Paul Stamets.



Las voces más reconocibles de la ecología se dan la mano con otros nombres no tan conocidos pero igualmente apasionantes, como el micólogo Paul Stamets, el ecologista acústico Gordon Hempton ("El portavoz del silencio") o el botánico gijonés Carlos Magdalena ("El mesías de las plantas").


Y así llegamos a nuestros ecohéroes autóctonos: el chef José Andrés, el pionero de la agricultura ecológica Mariano Bueno, el adalid de la "autosuficiencia conectada" Domingo Jiménez Beltrán, el arquitecto Iñaki Alonso, la pedagoga "verde" Heike Freire, la diseñadora Sybilla, el activista mallorquín Guillem Ferrer y Odile Rodríguez de la Fuente, recordando la sabiduría del visionario Félix: "Entre el hombre y la Tierra existe un abrazo profundo, un cordón umbilical irrompible".


TODOS LOS HONGOS SON MÁGICOS


Los primeros rayos del día acarician los parasoles, esas setas de pie esbelto y sombrero de color crema que pueden alcanzar los 40 centímetros cuando llegan a desperezarse. Paul Stamets las contempla con el asombro del padre que ve crecer a sus propias hijas. Después desciende a su altura, sin quitarse el sombrero fabricado con hongos de Transilvania, con la sana intención de besar a sus criaturas.


Aunque lo más probable es que los parasoles acaben esa misma noche salteados en la sartén y alimentando al micólogo más revolucionario del planeta: «Nos comemos las setas, que son sus frutos, pero lo realmente importante es la red de vida que se extiende por el subsuelo y que conecta a todos los elementos del bosque. Los hongos son el internet de la naturaleza».



Es un día cualquiera en el bosque de Fungi Perfecti, el reino mágico del Señor de las Setas. Desde su rincón en las Olympic Mountains, a tiro de piedra de Seattle y en uno de los parajes más vírgenes del noroeste de Estados Unidos, Paul Stamets ha sido capaz de reescribir la historia negra de los habitantes más incomprendidos del planeta.


«Ha llegado la hora de acabar con su mala reputación. Los hongos son los auténticos guardianes de los ecosistemas, el sustrato invisible de la vida en el planeta. Son la inteligencia natural de la Tierra, nuestra última gran esperanza. Las soluciones están literalmente bajo nuestros pies, y aún no lo sabemos», argumenta el micólogo, escritor y activista.


Caminamos con sigilo por el bosque, y Stamets nos hace ver las conexiones ocultas que comunican entre sí a los árboles y a las plantas. El micelio se propaga por el subsuelo como una galaxia subterránea, y él mismo demuestra en sus charlas con las imágenes sucesivas del microscopio y del telescopio (los guionistas de Star Trek decidieron llamar por cierto Paul Stamets a uno de los tripulantes interestelares).


Mycellium Running (Micelio corriendo) da título al apasionante compendio que reúne toda el saber del auténtico Stamets, que llegó al mundo de los hongos sintiendo la poderosa atracción de lo prohibido. En los años 70, en plena era de la psicodelia y con el permiso de la Agencia Antridrogas de Estados Unidos (DEA), llevó a cabo un estudio sobre las propiedades de los hongos psilocibios o alucinógenos.


«Fueron posiblemente los primeros psicoactivos que usó la humanidad, y están presentes en casi todas las culturas, de Siberia a Mesoamérica, antes de que llegaran los conquistadores», recuerda Stamets. «Hay unas 200 especies con propiedades alucinógenas, pero se estima que puede haber hasta dos millones de especies de hongos y 150.000 de lo que llamamos setas. Apenas hemos sido capaces de catalogar a 14.000 especies. Nos queda aún por identificar el 90%, ahí es nada».


Todos los hongos son mágicos concluye tras décadas de estudio y por experiencia propia. «Unos tienen propiedades curativas y antivirales y pueden ser muy efectivos fortaleciendo el sistema inmunológico, o contribuyendo a curas contra enfermedades degenerativas. Otros son potentes agentes para el biocontrol de plagas y otros son impagables como biorremediación, comiéndose los residuos tóxicos».


«La verdad es vamos a necesitar mucha magia para salir del embrollo en el que estamos metidos», asegura Paul Stamets, que saltó a la fama mundial por su conferencia en TED: Seis maneras en que los hongos pueden salvar el planeta. El cambio climático, asegura, va a acentuar enormemente todos los problemas ambientales.


Sabemos por los restos fósiles que la Tierra ha sufrido al menos cinco extinciones masivas», recalca Stamets. «Pero aún podemos parar las manecillas de la sexta extinción si emprendemos una ardua tarea de restauración ecológica. Como ocurrió con la gran extinción de hace 250 millones de años, o la de hace 65 millones de años (cuando desaparecieron los dinosaurios), los hongos pueden tener la clave de la renovación de la vida, gracias a su capacidad de simbiosis con otros organismos».


Del potencial de los hongos para regenerar los suelos, limpiar la tierra o comerse el petróleo puede dar testimonio Stamets, que los ofreció como alternativa natural a los dispersantes químicos durante el vertido del Golfo de México en el 2010.


El Pentágono ha recurrido a él en varias ocasiones, y así se explica el por qué de las medidas de seguridad en Fungi Perfecti para prevenir el espionaje industrial (Stamets es, para más detalles, cinturón negro de taekwondo y experto en poesía japonesa).


En su laboratorio de pruebas, asistido por un equipo de más de 40 biólogos, químicos y científicos, Stamets investiga las propiedades medicinales de los hongos, y comercializa una gama de productos para gourmets (como la crema de porcini con trufas blancas). También facilita todo lo necesario para que los aficionados puedan iniciarse con cultivos domésticos y contar con un huerto micológido de shiitake, reishi, níscalos, boletus, setas de ostra o champiñones en el balcón.


El salto cualitativo, más allá de los hongos, lo dio Stamets en el 2010 con la caja de la vida, con la idea de convertir a cualquiera en rescatador del planeta. «Se trata de una simple caja de cartón reciclado, donde viajan comprimidas las semillas de un centenar de árboles (abetos, secuoyas, fresnos, cedros, olmos) mezcladas con esporas de hongos micorrizales. Cada caja tiene el potencial de crear un pequeño bosque de clima continental y capturar al menos una tonelada de CO2 a lo largo de 30 años».


En pocos meses, más de 10.000 cajas de la vida diseminaron su carga invisible por Estados Unidos. Aunque la ambición de Stamets es llegar al menos al 1% de los envíos por correo, y trasplantar la idea a otros lugares y otros climas, y acabar creando el mayor esfuerzo reforestador del planeta: «Porque no hay nada tan poderoso (y tan contagioso) como las acciones individuales en masa».


«Estamos a las puertas de una auténtica revolución micológica», asegura el Señor de las Setas. «No hemos hecho más que arañar la superficie de la profunda inteligencia de la naturaleza. Estamos descubriendo por fin las redes que dieron lugar a la vida tal y como la conocemos».



 

Mas información: Fresneda, C. EcoHeroes, 100 voces por la salud del planeta, 2020. Barcelona. RBA Libros. ISBN: 9788491875680.

 

Fuente original: El mundo

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